El paraíso varonil

De Juliana Corbelli.

Este relato se escribió bajo el siguiente procedimiento:

*Incluir 3 frases en forma textual:
No había adónde ir, excepto a todas partes.
Los terremotos carnales.
Apocalipsis.

*Condición:
Una voz o personaje de nombre Simón, tiene algo importante para revelar, pero cuando llega el momento no lo puede hacer.

Simón se balanceaba entre los puntos de un binomio tan puntual como ondulante: de la tira de
seda a la cánula picante. Es de ver el recién divorciado, cuando la palma izquierda acariciaba el
complemento en breves movimientos que desenlazaban la tela, levemente, del cuello. El pañuelo
algo duro descubría algunos botones y, de este modo, el moño forzaba el bulto sobre la nuez de
Simón para su desacuerdo. Y por el único gesto mismo de su lucha tiránica, urbana o nocturna,
le había dado otro nombre a su acto de guerra: el nudo de Salomón. Y aunque fueran hebras muy
finas, finísimas y flexibles, su corbata parecía desafiar ocho nudos. ¡Qué arte emblemático del
valiente y luchador soldado! Salomón provocaba su propia conquista sobre el sillón.
Pero la reconquista moral, Simón la ejercía con la derecha. Por experiencia deportiva, por
persistencia y entrenamiento con el tubo del teléfono, por el abotoneo sobre el dorso del control
remoto y por varias estrategias indiscutibles, hacían de su mano de este lado la coronación del
verdadero rey. El solo varón, Simón o Salomón, en el ático rebosaba con el aparato para fumar
tabaco y por eso nadie le obligaría a revelar en voz alta (o a los gritos, quién lo habrá visto): “Esto
no es una pipa”. Ni en el aire, ni en la imagen, la pipa lo marcaba como ausente o melancólico.
La cánula resaltaba al conjunto de soltero cuando le iluminaba sólo la boca. Por su gesto con la
palanca, ¡qué arte cinematográfico de pronto el jefe ejercía en su ligereza de movimiento!
Con tan sólo dos manos pero como un espía en una habitación secreta, este pasaba del fracaso al
éxito, del éxito a la oscilación y de la repetición de la oscilación al comienzo otra vez del espejo
circular. Así en redondo dentro de la cama giratoria. Al principio, parecía un sillón, pero ahora
que se lo veía más desplegado, Simón-Salomón permanece sentado, erguido y con las piernas
abiertas sobre la esfera tecnológica acolchonada: binoculares, estéreo, cámaras réflex, radios
portátiles y pistolas. Corbata y pipa, claro, instrumentos del operador Bond (Simón-Salomón-James
Bond), todo el ambiente sofisticaba la figura de este impenetrable seductor. Neumático, un Simón
independiente, todo dominante y nada del Apocalipsis. En su ático, disimulaba sus privacidades
como si lo estuviéramos viendo a través de una ventana o por una cortina de agua. El impenetrable
no había sido víctima, en ningún caso, de lo que se difundió como “los terremotos carnales”. No era
un tipo tan de la tierra como para tratarlo de viril ranchero sobre las sacudidas del terreno, pero
sí de algún modo era noticia. Un Simón mediático a lo negrete y mexicano, habría que descartarlo
rotundamente. Alrededor de Simón, el cuero enmarcaba el ambiente como así también a su tajada
femenina, sin trampas ni tropiezos. Quien ingresara al ático, se sentiría a gusto de no desear salir en
ningún instante. Como si se estuviera dentro de un papel grueso y delineado, todos deseamos ser
Simón. Y el movimiento del barman no deja silencios para la escapatoria de la caza de citas.
Aquí todo es adaptable. La citada no tendría adónde ir, excepto a todas partes: como la basura.
La basura no miente, es cierto, porque su material dice la verdad de lo que fue. La basura es
transformación, es material reciclable. La basura tiene una segunda oportunidad, no sale de la casa:
permanece. A las citadas se les estaría permitido llamar en la intimidad Margarita, Clemence o
Anne, o tan solo decirles: “lady”. Carnosa. Voluptuosa. Glamorosa. De voz grave, pública, simulada
en coneja. Una verdadera secretaria se le monta entre los tejidos del vestido hasta que se la
desnuda mientras se yergue con sus orejas plumosas. Clemence, la rubia de costado, se encuentra
ya dentro del mueblerío prefabricado, mostrando únicamente sus líneas con la parte inferior del
piyama del caballero. En un instante la vistió o desvistió. El espacio es súper somático y dramático a
lo yanqui, el sanctórum definitivo del soltero-rey, igual que en un escenario de los años cincuenta.
Simón escucha nuevamente que el timbre resuena entre el mármol o la madera oscura insertada de
bronces o piedras que lo contienen. Simón boceta su pastiche erótico del museo en miniatura para
secretear la falta de alguno de sus órganos.

Texto creado para:
1) Picnic de Letras. Mitin de escritores ignotos.
Consigna #3. https://lospicnics.wordpress.com/category/florencia-barrabino/
2) Bulnes: Arte y Género. Grupo de lectura, debate y creación.
Inspirado en los conceptos de “ático de soltero” de la revista Playboy de Hefner,
minuciosamente desarrollado en el libro Pornotopía (Beatriz Preciado, Anagrama,
2010) y de la Playmate de “Intimidad desplegable: la invención de la ‘girld nextdoor’”,
del mismo ensayo.

*Juliana Corbelli (Quilmes, 1978) es escritora, licenciada en letras y correctora de
prensa.

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