Son de los diablos

De Natalia Bidinost.

Este relato se escribió bajo el siguiente procedimiento:

*Incluir 3 frases en forma textual:
No había adónde ir, excepto a todas partes.
Los terremotos carnales.
Apocalipsis.

*Condición:
Una voz o personaje de nombre Simón, tiene algo importante para revelar, pero cuando llega el momento no lo puede hacer.

Volver es dar un paso atrás. Fácil en la juventud, pero tomar envión se complica con el correr de los años.
Veredas rotas, árboles viejos. La cantina inmutable: el mismo olor, ese exquisito blend entre vermut, salame y vinagreta. “Mulato tenemos algo pendiente vos y yo” Simón, siempre hay algo pendiente para él. Nunca paré a escucharlo. ¿Por qué creía que hoy sería la excepción?
No me gustan los homenajes en vida, pero acá estoy. El neón ilumina los baches de la calle. El menú en la pizarra, banderines deshilachados colgando en las paredes y damajuanas apiladas a un costado de la barra.
Mis tumbadoras y yo, cayos en los dedos. El mismo romance de toda la vida, y, como en el amor, llega un punto que el cuerpo ya no da más pero las ansias recién están entrando en calor.
Toco tan intenso como los años me dejan, y un poco más también. El cuero se tiñe con mi sangre, no es el primer parche que me lastima, quizás sea el último. Esa sed de sonido, el querer provocar verdaderos terremotos carnales ¡Ah! Todavía las puedo ver entre sueños, esas morenas corpulentas transpirando felicidad, mis manos, sus caderas, sus pelos revueltos, al son de los diablos. La conversación más perfecta. Poder hacer sudar a una mujer así a esta edad… ese sería un verdadero homenaje. Exhaustas, deslumbrantes se bajaban de los tacones para seguir, todo era poco para ellas.
Sonrío a mi público, no tan extasiado como el de antes. Un viejo no le teme al apocalipsis, un viejo le teme a no poder saborear un poco más de esos condimentos que dieron sabor a su vida.
Me arden las palmas. Quiero seguir pero los brazos se me están negando. Las piernas tiemblan, no me importa. Un toque más, uno más. Estoy perdiendo la concentración… el sudor frío pasa por mi espalda como advertencia. Todo empieza a dar vueltas, sigo tocando… ya no puedo escucharme a mí mismo. Fijo la mirada en alguien de la audiencia. Logro ver que es Simón. Él sabe ahora que sostenerle la mirada es lo único que me mantiene en pie. Se acerca, no entiendo como el resto no hace nada, está subiendo al escenario. Entre mis toques torpes me dice que hablemos, es importante. Simón no entiende que por más confesiones tenga del pasado, mi vida se está terminando. De todos los órdenes de la vida, el cronológico es el más inalterable de todos, Simón, como me gustaría que comprendieras eso… “Negro no puedo verte así, dejame que te diga…”
La gente en sus mesitas, los manteles, los señores en la barra, las jovencitas con esas polleras coloridas… Los veo como a través de un vaso con agua.
¿Es ésta la sensación? Creo que sí… Hasta hoy no había a dónde ir, excepto a todas partes. Los tablones vibran bajo mis pies, pero el sismo va por dentro. Esas lamparitas de colores se opacan en mis ojos. El olor tan fuerte de la sangría me golpea desde abajo del escenario… Simón sigue hablando pero ni aún queriendo puedo escucharlo.
Un viejo no teme al apocalipsis, teme a no poder saborear…

Texto: Natalia Bidinost
Imagen: Gisella Buzzi

Anuncios

Un pensamiento en “Son de los diablos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s